A la hora de cuidar de un anfibio, y de una rana o un sapo en particular, uno de los problemas más difíciles de afrontar es el de su alimentación. Un pez no ofrece mayores problemas. Un pájaro o una tortuga exigen que su espacio sea aseado y ventilado regularmente. En estos casos, la alimentación es sencilla de conseguir y de administrar. Una rana o un sapo exigen el mismo tipo de cuidados, pero, además, una alimentación especial, que no está al alcance de un aficionado poco meticuloso.
Si colocamos una rana en un acuario y le ponemos comida de peces, trozos de pescado muerto o lo que se nos ocurra esperando que coma, veremos con desesperación que la rana continúa inmóvil, sin hacer el menor aprecio al menú. ¿Por qué ocurre esto?
En realidad, este problema ha hecho que los anfibios nunca hayan dado buen resultado como animales de compañía, y que sus costumbres sean, comparativamente respecto a otros animales, bastante poco conocidas.
Los anfibios tienen ojos comparativamente más avanzados que los peces, provistos de glándulas lacrimales y tres párpados para mantenerlos húmedos. Están provistos también de conos y bastones, lo que garantiza una visión en color. Pero a eso hay que añadir que la calidad de su visión no es comparable a la de los mamíferos superiores. En el mejor de los casos, pueden apreciar hasta ocho colores. Y, aunque les permiten percibir con nitidez el tamaño y la forma de aquéllo que se mueve cerca de ellos, los anfibios son ciegos para los objetos inmóviles.
Por lo tanto, si se quiere tener en casa una rana, un sapo o similar, es preciso saber previamente cómo alimentarlos y asegurarse de que se dispone de los medios adecuados para lograrlo. Además del respeto que deben merecernos siempre los seres vivos con que convivimos, muchas especies de anfibios están seriamente amenazadas de extinción. Y la desidia y el desconocimiento pueden convertirnos sin saberlo en eficaces colaboradores en su progresiva desaparición.
Así pues, ya que nuestras ranas y sapos solo pueden distinguir objetos en movimiento, será inútil proporcionarles alimento inmóvil. Por muy apetitoso que pueda resultarles, quedará a su vista envuelto en un claroscuro indistinto, confundido con el paisaje que los rodea.
Me estoy refiriendo a la mayoría de los anuros que podemos encontrar en la Península Ibérica y, en general, en Europa. No es el caso, por ejemplo, de las ranas acuáticas, que poseen línea lateral, como los peces, y encuentran su alimento escarbando en el lecho de los ríos.
En el caso, digamos, de los ránidos como la rana común, o de los sapos comunes, o de los discoglósidos, que en su hábitat natural encuentran su alimento en tierra es preciso buscar una forma de alimentarlos. ¿Qué soluciones hay?
La primera es suministrarles alimento vivo. Todos los anuros son carnívoros. Por lo tanto, habrá que poner a su disposición animales pequeños, de tamaño proporcionado a nuestros ranas o sapos. Pueden ser invertebrados como gusanos, arañas o larvas de insectos, o incluso pequeños pececillos. Los invertebrados pueden recogerse en el campo, barriendo la hojarasca con una red. En los últimos tiempos, se comercializan grillos para alimento de anfibios y reptiles.
Otra solución es dotar de movimiento al alimento inerte. Un truco muy simple puede ser atar un insecto, una larva o un simple trozo de pescado y agitarlo unos centímetros delante de los ojos de nuestro anfibio. Yo lo he intentado con alguna pequeña ranita recién metamorfoseada, y funciona relativamente. Pero hacer eso cada vez que nuestra rana o sapo tiene que comer requiere tiempo y una paciencia infinita. Y además, nuestro huésped puede cansarse si no obtiene su comida al primer intento y renunciar definitivamente a ella.
Afinando este tipo de método, criadores expertos han diseñado un método ingenioso, que consiste en colocar alimento inerte en el fondo de un sombrero de ala ancha, que flota invertido en el agua. Al saltar la rana al ala del sombrero, la comida de su interior se agita y la rana se lanza a por ella. Este sistema puede valer para ranas que se alimentan en el agua, pero no puedo valorarlo desde mi óptica personal.
Finalmente, el tercer método que conozco ha sido promovido recientemente por la Universidad de León para la crianza de ranas. Consiste en adiestrar a sus huéspedes a comer papilla nutritiva mezclándola con gusanos en unos comederos apropiados. Al principio, las ranas solo comen los gusanos. Pero poco a poco van comiendo también la papilla, hasta que finalmente pueden ya omitirse los gusanos, y las ranas se alimentan exclusivamente con la papilla.
BIBLIOGRAFIA:
Coborn, John, Conoce y cuida tus ranas. Barcelona, ed. Hispano Europea, 1994.
Ballasina, Donato, Anfibios de Europa. Barcelona, Daimon, 1.985.
Hernandez Briz, F., La rana, cría y explotación. Madrid, Mundi Prensa, 1.989.
http://www.juntadeandalucia.es/agriculturaypesca/pesca/acuicultura/descargas/AguaDulce/3_Adaptacion_rana_cautividad.pdf
yo tengo un renacujo se todo de renacuajos!e buscado en enciclopedias i en google para saber mas de elllos para saber mas de esos animales tan curiosos! pero su crecimiento es facinante al verlos como se desenbolupan son mui opequeños mientras ban creciondo les augmenta su cabeza les salen las patas traseras i las de alante se les va desaparecindo la cola k tienes i se convierten en ranads!!!!!!